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Cuando
no pudimos evitar que el Bajo Corrientes se convirtiera en un cibercafé,
nos abocamos a la búsqueda de un espacio donde levantar una
sala. Encontramos éste en estado de abandono, llamamos a
Pepe Uría (ese amigo del alma) y le preguntamos si se podía
hacer algo, dijo "magia, este es el lugar" y empuñamos
la varita...
Construímos
lo que faltaba (baños, oficina), pusimos a nuevo lo que había,
equipamos (gradas, asientos, equipo de luces) y creamos nuevas áreas
para el confort del público y artístas (patio de actores
y bar)
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